3 de noviembre de 2009

LO BUENO DE LOS MALOS MOMENTOS ES QUE PASAN.

Como te confesé la primera noche: solo tengo un puñado de palabras.
Y prometí usarlas para hacerte reir.Me puse peluca y sombrero, la cara pintada y el disfraz de aprendiz ingenua que juega a bajar pantalones.
Puedo decir que tu risa es algo que siempre me he tomado muy en serio.Cada cual tiene su gasolina para rugir, la mía es mezcla de labios y cuentos con leve inclinación de gesto cuando la risa te desborda la boca.
Por supuesto el tiempo es tiempo, y la arena no siempre es playa.Estar ahí, cogerte la mano al dar un paseo, ayudarte a dormir, todo eso.Alguna vez te vi llorar y alguna vez también te vi contener las lágrimas.Te escuché hablar con voz cansada de cuna mientras por dentro había una hoguera de hielos que te quemaban.
Y yo me quedé en silencio sin saber qué decir, yo, que te confesé que solo tenía un puñado de palabras y prometí usarlas para hacerte reir.
Me quedé en silencio rota al verte resquebrajado,asustado y muerto de miedo, como un niño feliz que al mirarse solo ve la pálida cara de un hombre triste al otro lado del espejo.
Tragué saliva, respiré, y pellizqué mis heridas para entender
que lo bueno de los malos momentos es que se pasan.

Lo malo, es que los buenos también.

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