Probablemente si ayer hubiese dicho que esa sería la última vez que escribiría sobre ti hubiese mentido, porque cada vez que yo escribo algo, tú te cuelas entre mil líneas, algún que otro recuerdo, una historia que solo tú y yo conocemos, y yo trato de olvidarla haciendo que los demás también lo sepan, pero no funciona.
Y en cambio hoy aquí estoy, esto me llama a gritos, me pide una actualización rápida, yo pienso que lo tengo demasiado mimado, que escribo todos los días y varias veces.
Espero a que la inspiración me llegue, como un soplo de aire fresco en la cara.
¿Te acuerdas de cuando me decías, “Contigo, lo tengo todo”? Como me gustaba, como me reía, sonreía, y te decía, “sí tú estas bien, yo soy feliz”, y nos besábamos? Sí, siempre acabábamos las conversaciones con un beso largo y después un te quiero suave y lento. O cuando me cogías de la mano y me apretabas fuerte, y me susurrabas en los labios “no te escaparás, te tengo cogida fuerte, y tú eres mía” E ibas diciéndole a la gente, “sí, mirarnos, es mi novia, MI novia, la quiero muchísimo”, y yo en vez de agachar la cabeza, la levantaba muy alta para que todas aquellas personas que miraban, encontrasen la felicidad en mis ojos, en mi sonrisa, en ti a mi lado besándome muy fuerte por todo el cuerpo.
O todas las noches que me acompañaste a casa en brazos, yo borracha perdida, y me subías a la cama y cuando mis padres se acostaban tu te escapabas sin hacer ruido. La mayoría de esas noches estaba borracha de amor. Sí, borracha de amor, que bonito suena. Te consumía constantemente, perdida, emocionada, enamorada, con besos y caricias, con abrazos y te quiero, hasta que me emborrachaba de ti, mis ojos, mi boca, mis labios, mi día a día. Y cuando me faltaba el aliento, tú me lo dabas, y me escuchabas, aunque ni siquiera podías verme.
También recuerdo cuando cada vez que ibas a hacerme algo bonito me cerrabas los ojos con ternura y me besabas los párpados, se me ponía la piel de gallina, y entonces cuando los abría tu estabas ahí, con cualquier tontería o sin nada, pero estabas ahí, mimándome y apoyándome.
No sabes cuantas noches me desperté, añorándote aunque acabase de estar contigo en mi cama, bajo mis sábanas, cantando una canción de amor.
No sabes cuantos días me quedé dormida de pié , soñándo contigo, soñándote, porque siempre era buen momento para pensar en ti.
Tampoco te imaginas cuantas veces naufragué en medio del desierto, buscando peces en la arena, o cuantas cosas empecé a confundir cuando todo se iba volviendo borroso, pero yo ciega perdida, enamorada de ti y de la vida lo dejé pasar, haciendo que apenas se me notase, creyendo que nuestro amor podría con todo eso.
Me equivoqué, y hoy estoy aquí, otra vez en las mismas, escribiendo sobre ti, sobre nosotros.
Inspirada de ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
sonrisas