1 de noviembre de 2009

Nadie cuenta los tiburones.

No quiero alguien que me ame mintiéndome, no pido demasiado.
Pido un amigo, con derecho a lo que quiera con él cuando a mi me apetezca.
Quiero que, al menos, dos veces a la semana me llame para tomar una cerveza en cualquier terraza al atardecer, dejando consumirse un cigarro en un cenicero de cristal sin prisa. Porque no me hace falta fumar si estoy contigo.
Porque si después de una derrota te quedas llorando, dejando pasar el tiempo, es entonces cuando no te das cuenta de que detrás de cada minuto se enconde una experiencia nueva, algo que aún te queda por saborear con gusto.
No esta del todo mal sonreir siempre, siempre, en todo momento, porque aunque creamos inoportuna alguna risa, siempre es alcontrario. Una sonrisa, con aparato, sin él, con los dientes perfectos, o no, demuestra seguridad y fuerza de voluntad, creer en si mismo. Por lo tanto una sonrisa es siempre un punto a favor.
A pesar de que no puedas, de que tengas que hacer un esfuerzo insoportablemente doloroso, sonríe, porque nada es tan imposible como lo improbable.
Y cuando te digan que hay más peces en el mar, no te lo creas del todo.
PORQUE NADIE CUENTA LOS TIBURONES.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

sonrisas